Viajando de un extremo a otro, parando por pueblos viejos y nada olvidados por Dios, encuentro paisajes sacados de cuentos de hadas. Bosques, montañas y sembradíos de aguacates. Abro la ventanilla mientras baladas de los 90´s endulzan mi oído y mis demás sentidos se extasían con el panorama. Todo huele a bosque, todo huele a pino y a tierra húmeda. El carro baja la velocidad y me permite disfrutar del panorama y sus aromas. Me dicen bájate y toma fotos que te recuerden este momento.
Obedientemente desciendo del vehículo tomo unas cuantas fotos en medio de la carretera para horror de mis acompañantes. Capturadas ya las imágenes vuelvo a la seguridad del mirador y toco la tierra, volteo hacia el sol y dejo que el viento juegue con mis cabellos impregnándome de su fragancia.
Créeme que si hubiese podido me hubiera quitado hasta los zapatos para sentir el fresco de la tierra. Miro sobre el acantilado donde nos encontramos y no puedo más que sonreír. Me juro mil veces que algún día viviré aquí y disfrutaré de este espectáculo todos los días.
Me instan a regresar al vehículo, renuente continuo nuestro viaje, el cual nos llevará a paisajes distintos, a nuevos senderos con más bellezas naturales que admirar. Si, algún día volveré para no irme más. Curiosamente la primera canción que suena en mi mente al alejarnos del bosque nada tiene que ver con los 90´s pero a mi parecer no por tanto por su letra si no por la música queda como anillo al dedo a este precioso paisaje:
P.D. Elegí el video con solo la letra para que no se mezclen los panoramas.






